El fuego se apaga con dinero, pero también se previene con él. Y ahí está, según WWF, el gran desequilibrio del modelo español: casi ocho de cada diez euros van a la extinción y apenas uno a cada diez a la prevención. Tras el peor año del siglo (2025, con cerca de 355.000 hectáreas calcinadas y ocho víctimas mortales), la organización pide un cambio de estrategia que vaya «más allá de la extinción».
WWF España presentó el pasado 25 de junio su informe anual sobre incendios forestales, titulado Incendios extremos: el reto de adaptar el territorio. Su diagnóstico es contundente: el modelo de lucha contra el fuego vigente en España ha quedado obsoleto ante un clima más cálido y seco, y seguir apostándolo casi todo a la extinción no basta para frenar los grandes incendios.
El peor año del siglo
El informe sitúa 2025 como el peor año del siglo y uno de los más graves de toda la serie histórica. El balance humano y ambiental es demoledor: cerca de 355.000 hectáreas arrasadas, ocho personas fallecidas, 79 heridas y unas 42.000 evacuadas de sus hogares. Pero lo más revelador no es solo la magnitud, sino la concentración: en apenas dos semanas del verano se quemó el 90 % de toda la superficie del año, saturando los medios de extinción y complicando gravemente las evacuaciones.
El dato que mejor retrata el cambio de escala es el de los Grandes Incendios Forestales (GIF), los que superan las 500 hectáreas. En 2025 se contabilizaron 63, frente a los 19 de 2024; 47 se concentraron solo en agosto y cinco superaron individualmente las 20.000 hectáreas. El noroeste peninsular (sobre todo Galicia y Castilla y León) fue el más castigado, con 32 de esos grandes incendios, responsables del 75 % de toda la superficie quemada en el país.
de los recursos que España dedica a los incendios va a la extinción (entre 600 y 700 millones de euros al año), frente a apenas un 12 % (unos 180 millones) destinado a la prevención, la gestión forestal y la adaptación del paisaje.
Un modelo que gasta en apagar, no en prevenir
Ese desequilibrio presupuestario es, para WWF, el síntoma más claro de un modelo agotado. España es uno de los países que más invierte en extinción por hectárea del mundo y cuenta con uno de los mejores dispositivos de respuesta: de hecho, la mayoría de los fuegos se apaga en fase de conato, antes de recorrer una hectárea. El problema es que esa eficacia se vuelve inútil frente a los incendios extremos, que liberan tanta energía que resultan imposibles de apagar por medios convencionales.
Invertir casi todo en apagar, advierte la organización, contribuye además de forma indirecta a generar un territorio más inflamable: sin gestión del paisaje, el combustible se acumula año tras año hasta alimentar el siguiente gran incendio.
Lourdes Hernández, especialista en incendios forestales de WWF España
Las causas no son solo el calor
El informe insiste en que detrás de los incendios hay causas estructurales, no únicamente meteorológicas. Según los datos que maneja la organización, el 95 % de los incendios que se producen de media cada año en España tiene origen humano (principalmente el uso del fuego como herramienta en el medio rural) y solo el 5 % se debe a los rayos.
A ese factor se suman el abandono rural y la pérdida de gestión del territorio. La despoblación implica el abandono de cultivos y pastos que actuaban como cortafuegos naturales, y un aumento de la superficie forestal que no siempre equivale a bosques sanos, sino a más combustible acumulado. WWF alerta también del riesgo creciente en la interfaz urbano-forestal: miles de viviendas rodeadas de vegetación que carecen de medidas de autoprotección adecuadas.
La organización añade un factor relativamente nuevo: la desinformación y los bulos en redes sociales y medios, que desvían el debate del verdadero origen de los incendios. Según datos del SEPRONA recogidos en torno al informe, más del 60 % de los siniestros no llegan a esclarecerse, lo que dificulta perseguir y sancionar sus causas.
Las claves del informe de WWF
- 2025 fue el peor año del siglo: unas 355.000 hectáreas quemadas, 8 fallecidos, 79 heridos y 42.000 evacuados.
- En solo dos semanas del verano se concentró el 90 % de la superficie quemada en todo el año.
- Hubo 63 grandes incendios forestales (más de 500 ha), frente a los 19 de 2024.
- El 78 % del gasto se destina a la extinción y solo el 12 % a la prevención y la gestión del paisaje.
- El 95 % de los incendios tiene causa humana; apenas el 5 % lo provocan los rayos.
- WWF pide un plan integral centrado en la prevención, los mosaicos agroforestales y la restauración.
Qué propone WWF
Frente a este diagnóstico, WWF España reclama un giro estructural: pasar de un modelo centrado en apagar a otro que priorice la prevención y la adaptación del territorio. Entre sus propuestas figura aumentar la inversión en prevención y gestión adaptativa, con atención específica a las zonas de mayor riesgo, e identificar y cartografiar las Zonas de Alto Riesgo de Incendio (ZARI) y las Zonas Estratégicas de Gestión (ZEG).
La organización defiende recuperar los usos agroforestales tradicionales (ganadería extensiva y agricultura) junto a la restauración ecológica, para diseñar paisajes en mosaico menos vulnerables al fuego. Reclama además blindar la interfaz urbano-forestal con planes de autoprotección, impulsar un ambicioso Plan Nacional de Restauración Ecológica y articular una financiación justa bajo el principio de «quien contamina paga, quien conserva recibe».
Todo ello, subraya WWF, requiere un amplio acuerdo político (un pacto de Estado) que traduzca los buenos propósitos en compromisos concretos y financiación suficiente. Sin ese cambio de fondo, avisa la organización, los incendios extremos dejarán de ser la excepción para convertirse en la norma.
Fuentes y lecturas
- WWF España: Informe Incendios Forestales 2026: «Incendios extremos, el reto de adaptar el territorio»
- Infobae: La nueva era de incendios forestales extremos «requiere cambios profundos»
- elDiario.es: WWF España lamenta que el riesgo estructural de los incendios «sigue igual»
- La Noción: WWF reclama una acción integral para prevenir y adaptar el territorio


