Hace un par de años me habría gustado participar en labores de reforestación después de un incendio. Pensé que sería fácil encontrar una asociación, apuntarme a una jornada, echar una mano. No lo fue.
Encontré webs antiguas con la última noticia de hace cuatro años. Formularios que no funcionaban. Grupos de Facebook olvidados. Asociaciones serias y activas que en Google aparecían en la página seis. Y seguro que mucha gente con ganas, como yo, perdiendo el impulso por no encontrar dónde dirigirlo.
Lo más triste es que esas asociaciones existen. Trabajan, organizan, recuperan terreno quemado, plantan, vigilan, educan. Pero la mayoría no tiene tiempo ni recursos para mantener una presencia digital cuidada. Y entre tanto ruido, su trabajo queda invisible.