Diez meses después de los fuegos que arrasaron el noroeste peninsular, Greenpeace ha vuelto al llamado «triángulo del fuego» y describe un paisaje que apenas cicatriza: suelos ennegrecidos, regeneración escasa y pueblos todavía marcados. Su nuevo informe pide no olvidar esas zonas y actuar ya en 2026 con prevención y gestión posincendios.
Con el verano recién estrenado y en plena primera ola de calor, Greenpeace ha presentado el informe Grandes incendios forestales en España: qué ocurrió en 2025 y qué debe cambiar. El documento repasa un año que la organización califica de «fatídico» y lanza una advertencia doble: las secuelas de 2025 siguen muy presentes sobre el terreno y el arranque de 2026 pinta aún peor.
Los datos del inicio de temporada respaldan esa alarma. En lo que va de 2026, la superficie quemada casi se ha triplicado respecto al mismo periodo del año anterior y los grandes incendios forestales han pasado de uno en todo 2025 a nueve, con toda la campaña estival por delante.
2025, el año que evidenció el colapso del sistema
Greenpeace insiste en que lo ocurrido no fue imprevisible. Años como 2006, 2012, 2017 o 2022 ya dejaron demandas consensuadas que nunca llegaron a aplicarse. Lo que distinguió a 2025 fue la intensidad: aunque el número total de incendios descendió, los Grandes Incendios Forestales (GIF) se triplicaron respecto a la media y multiplicaron por cuatro su capacidad destructiva.
La concentración del daño es el dato más revelador. Según el análisis de la organización, apenas el 0,77% de los siniestros fue responsable del 86% de toda la superficie quemada. Y cinco de los diez mayores incendios de la historia de España se produjeron ese mismo año, tres de ellos con epicentro en la provincia de Ourense.
hectáreas calcinaron los grandes incendios forestales de 2025 en España, según Greenpeace. Solo las tareas de extinción costaron entre 3.548 y 6.741 millones de euros.
Galicia y Ourense, epicentro del desastre
El año fue especialmente crítico para Galicia. El mayor incendio, el de Larouco-Quiroga-Oencia (Ourense, Lugo y León), arrasó 37.765 hectáreas, se originó de forma intencionada con tres focos simultáneos y presentó una severidad alta en el 62% de su superficie. Le siguieron el de Oímbra (22.414 hectáreas, 24 heridos y tres brigadistas jóvenes en estado grave, originado por una imprudencia con maquinaria de desbroce) y el de Carballeda de Valdeorras-Porto-Encinedo (21.373 hectáreas y más de 9.000 evacuados).
El impacto ecológico fue muy grave. Las llamas alcanzaron 37.819 hectáreas de la Red Natura 2000 en Galicia, el equivalente al 10,8% de todos los espacios protegidos de la comunidad y al 26% de la superficie total quemada. Ardieron enclaves de enorme valor, como el Macizo Central de Ourense o el Parque Natural da Serra da Enciña da Lastra, y hábitats clave para especies amenazadas como el oso pardo, el urogallo o el desmán ibérico.
Mónica Parrilla, responsable de la campaña de Incendios de Greenpeace
Diez meses después: severidad alta y regeneración escasa
Diez meses después del vuelo que realizó por la zona, Greenpeace ha regresado al triángulo del fuego (Ourense, León y Zamora) para medir cómo evoluciona el terreno. El diagnóstico, apoyado en imágenes satelitales, trabajo de campo e índices como el dNBR (que compara la cubierta vegetal antes y después del fuego), es desalentador: el 47% de la superficie quemada en 2025 sufrió una severidad alta y otro 22%, moderada-alta.
Según la organización, en muchas zonas la severidad fue tan extrema que ni las abundantes lluvias del invierno lograron hacer brotar hierba, y el suelo aparece ennegrecido hasta casi veinte centímetros de profundidad. Esas mismas lluvias, sin apenas vegetación que sujete el terreno, han provocado nuevos arrastres de agua y cenizas, deslizamientos y ríos teñidos de negro en comarcas como Valdeorras o Viana.
Lo que sí funciona: actuar rápido y proteger el suelo
Frente a la imagen del plantón inmediato, Greenpeace defiende que la prioridad tras el fuego es estabilizar la emergencia: evaluar daños pronto, priorizar las zonas más vulnerables y proteger el suelo antes de las primeras lluvias. Y hay evidencia de que funciona. En el incendio de Las Médulas, según el informe del CSIC, el acolchado con paja agrícola (cubrir el terreno quemado con material orgánico) redujo la erosión media del suelo en un 85%.
La organización señala también un obstáculo menos visible: la caza. La normativa gallega prohíbe cazar en terrenos quemados durante tres años, pero en 2025 la Xunta rechazó ampliar esa prohibición a las zonas limítrofes no quemadas, justo donde se había refugiado la fauna superviviente.
Las cifras y demandas del informe
- Cinco de los diez mayores incendios de la historia de España se produjeron en 2025.
- El 0,77% de los siniestros causó el 86% de la superficie quemada.
- En 2026 los grandes incendios ya han pasado de uno a nueve, con casi el triple de superficie afectada.
- El 71,4% de los grandes incendios de 2025 coincidió con episodios de ola de calor.
- Greenpeace pide al menos 1.000 millones de euros anuales para gestión forestal preventiva.
- Reclama protocolos de respuesta rápida posincendio y moratorias de caza y sobrepastoreo en zonas quemadas.
Las causas: mayoría humanas y un clima que aviva el fuego
Los cinco grandes incendios más destructivos de 2025 tuvieron orígenes diversos: dos por rayos de tormentas secas, uno intencionado, otro por trabajos de desbroce con maquinaria y un quinto sin conclusión definitiva. En conjunto, cerca del 95% de los incendios en España tiene causa humana, por lo que Greenpeace subraya que la mejor extinción es el fuego que no llega a producirse.
El clima hace el resto. En 2025 se registraron 33 días de ola de calor, la serie más larga en España, y el 71,4% de los grandes incendios coincidió con esos episodios. Los estudios de atribución concluyen que el cambio climático hizo esas condiciones mucho más probables e intensas, a lo que se suma el aumento de tormentas secas, la única causa natural de ignición.
Greenpeace reconoce algunos avances tras el impacto social de 2025 (mayor exigencia de la Fiscalía de Medio Ambiente, un Pacto de Estado frente a la emergencia climática y nuevas directrices estatales), pero los considera insuficientes mientras el grueso de los recursos siga yendo a la extinción y no a prevenir. Su mensaje de fondo es incómodo pero claro: apagar fuegos cada vez más extremos sale mucho más caro que evitar que se produzcan.
Fuentes y lecturas
- Greenpeace España: Greenpeace exige que no se olviden de las zonas quemadas en 2025
- Greenpeace España: Incendios forestales en España
- CSIC: Daños ambientales y geológicos clave para la recuperación posincendio de Las Médulas


