Plantar árboles y olvidarse de ellos es preparar los incendios del futuro: cómo recuperar bien un monte quemado

Plantar deprisa tras un incendio no basta. El catedrático Víctor Resco de Dios avisa: plantar y olvidarse es sembrar los fuegos del futuro. Antes hay que salvar el suelo, dejar brotar el monte y gestionar la biomasa, cortando árboles si hace falta.

Aclarar el monte y retirar biomasa reduce el riesgo de grandes incendios

Tras un gran incendio, el impulso es plantar cuanto antes. Pero el catedrático de ingeniería forestal Víctor Resco de Dios lo advierte sin rodeos: plantar árboles y desentenderse de ellos es sembrar el próximo fuego. Antes de pensar en plantones hay que salvar el suelo, dejar que el monte rebrote por sí solo y, después, gestionar la biomasa que se acumula, aunque eso signifique cortar árboles.

Concluida la extinción, la tentación de repoblar de inmediato es enorme. Sin embargo, la clave de una buena recuperación, explica Resco de Dios, no está en la prisa, sino en el orden: primero el suelo, luego la regeneración natural y, por último, una gestión continuada pensada para el clima que viene, no para el que ya se fue.

Lo primero no es plantar: es salvar el suelo

El suelo es un recurso que no se recupera a corto plazo, y perderlo condiciona el futuro hídrico de toda una zona. La prioridad inmediata, según el catedrático, es anticipar qué pasará con la erosión: si las primeras lluvias arrastran la capa fértil, ese sedimento acaba en ríos y acuíferos y deteriora la calidad tanto de las aguas superficiales como de las subterráneas. Por eso, antes de que lleguen las lluvias torrenciales, conviene frenar la escorrentía con pequeñas barreras (fajinas, albarradas o palizadas) construidas con los propios restos quemados, una medida en la que coinciden otros expertos como el decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, Eduardo Tolosana.

Un monte quemado renace solo, y muy rápido

Resco de Dios propone un cambio de mirada: dejar de ver un bosque quemado como un cementerio y empezar a tratarlo como un jardín de infancia. En cuanto vuelven las lluvias, a los pocos días, la vegetación empieza a brotar de forma espontánea. Esa brotación temprana no es un problema: ofrece una biomasa de alto valor nutritivo que favorece la presencia de corzos y otros ungulados, sin perjudicar a grandes carnívoros como el lobo.

El fuego, recuerda el catedrático, lleva unos 400 millones de años formando parte de los ecosistemas terrestres. No es un elemento ajeno a la naturaleza: muchas especies conviven con él desde siempre. La diferencia está en el grado de adaptación, muy alto en unas plantas y escaso en otras.

400 M
de años lleva el fuego formando parte de los ecosistemas terrestres, según recuerda el catedrático Víctor Resco de Dios. Por eso muchas especies mediterráneas están preparadas para rebrotar o germinar tras un incendio.

Plantar sin gestionar: sembrar los incendios del futuro

El gran matiz llega con el cambio climático. Ya no es posible recrear con exactitud los bosques del pasado, porque muchas de sus especies estaban adaptadas a unas condiciones de temperatura y humedad que ya no existen. Que una especie sea autóctona de un lugar, insiste Resco de Dios, no garantiza que esté preparada para el clima que viene, y eso obliga a revisar los protocolos de reforestación.

En un contexto de aridez creciente, repoblar de forma descontrolada y sin un plan de mantenimiento a largo plazo es un riesgo serio. La solución no es dejar de plantar, sino comprometerse con lo plantado: reducir la probabilidad de incendios pasa por gestionar esa masa forestal a lo largo de los años, lo que en ocasiones significa aclarar y cortar árboles. Es la misma idea que reivindica el Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, que denuncia el «tabú» de la tala y recuerda que España aprovecha solo alrededor del 30% de la madera que crece cada año en sus montes.

Lo que estamos plantando son los fuegos del futuro.
Víctor Resco de Dios, catedrático de ingeniería forestal, en ‘Mediodía COPE’

Una recuperación que se planifica a 30 o 50 años

Los tiempos varían mucho según la especie. Robledales y alcornocales rebrotan casi de inmediato desde la raíz, mientras que recomponer el dosel de un pinar o un hayedo puede llevar décadas. Por eso la restauración de un monte no es una campaña de una temporada, sino un proceso que conviene planificar a 30 o incluso 50 años vista.

La receta que resume Resco de Dios combina tres piezas: proteger el suelo desde el primer momento, elegir especies resistentes y adaptadas al clima futuro, y mantener un control continuado de la biomasa. Ese último punto, el menos vistoso, es el que marca la diferencia entre un bosque resiliente y una masa densa que volverá a arder.

Cómo recuperar un monte quemado, paso a paso

  • Primero, proteger el suelo: evaluar la erosión y frenar la escorrentía antes de las lluvias para no perder la capa fértil.
  • Después, observar: el monte rebrota solo en pocos días y esa vegetación temprana alimenta a la fauna.
  • El fuego forma parte de los ecosistemas desde hace 400 millones de años: muchas especies están adaptadas a él.
  • Con el cambio climático, ser autóctona no basta: hay que elegir especies adaptadas al clima futuro.
  • Plantar y desentenderse es peligroso: sin gestión, la masa se convierte en combustible.
  • Gestionar significa, a veces, cortar árboles y controlar la biomasa de forma continuada.

Un bosque no se salva con una foto de plantación: necesita criterio técnico, paciencia y una gestión que se sostenga durante décadas. En unBosque reunimos asociaciones y actividades de restauración y reforestación cerca de ti, para que cuidar el monte esté al alcance de cualquiera. Porque un bosque no se hereda: se cuida.

Un bosque es sombra. Es vida. Es refugio.
Un bosque empieza con un árbol.
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Un bosque no se hereda, se cuida.
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Un bosque somos todos.
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