El verano que nos cambió la perspectiva
El verano de 2025 ha sido brutal. Y no es una opinión, lo dicen los datos: en torno a 400.000 hectáreas ardieron en España hasta finales de agosto, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) del programa Copernicus. Para hacerte una idea, eso es bastante más que toda la provincia de Álava. Es la peor temporada de incendios en más de 30 años, y la cifra más alta del siglo XXI.
hectáreas calcinadas en España hasta agosto de 2025. Una superficie equivalente a la isla de Mallorca.
Y no hablamos solo de números. Detrás de cada hectárea hay familias que han perdido su casa, ganado que ha tenido que ser evacuado, árboles centenarios convertidos en ceniza y patrimonio de la humanidad como Las Médulas dañado por el fuego. Ourense, León y Zamora se han llevado la peor parte: solo estas tres provincias concentran casi la mitad de la superficie quemada del país. En Ourense ardieron unas 150.000 hectáreas, una porción considerable —en torno a una séptima parte— de su superficie provincial.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Si te pregunto cuántos incendios ha habido en España desde 1968, probablemente no lo sepas. Te lo digo: más de 628.000 incendios que han calcinado cerca de 8 millones de hectáreas, según los datos de la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) del MITECO. Es una superficie más grande que la de toda Castilla-La Mancha.
Pero aquí viene lo interesante: aunque el número total de incendios ha bajado en las últimas décadas, los que ocurren son cada vez más violentos. En 2023 ardieron unas 80.000 hectáreas; en 2022, alrededor de 300.000 hectáreas; y en 2025 hemos superado todo lo anterior con esas 400.000.
Los incendios del futuro (que ya están aquí)
Prepárate, porque esto te va a sorprender: ahora hablamos de incendios de «sexta generación». ¿Qué significa eso? Que son tan violentos que crean su propio clima. Sí, como lo lees. Generan sus propias columnas convectivas y modifican las condiciones meteorológicas de la zona donde están.
Por qué los megaincendios son tan peligrosos
- Son explosivos: hay tanto combustible seco acumulado que arden a velocidades imposibles de contener.
- El cambio climático los alimenta: las olas de calor extremas y la sequía prolongada los hacen impredecibles.
- Crean pirocúmulos: nubes gigantes que pueden generar rayos y vientos erráticos.
- Se retroalimentan: cambian el clima local y se hacen aún más fuertes.
La paradoja de la primavera lluviosa
Te voy a contar algo que parece contradictorio pero que explica mucho de lo ocurrido. La primavera de 2025 fue extraordinariamente húmeda. Marzo de 2025 fue el tercer marzo más lluvioso desde 1961, según AEMET, con una precipitación media en la España peninsular un 251 % por encima de lo normal. Uno de cada cuatro observatorios principales de la AEMET registró su marzo más lluvioso de la serie histórica.
¿Y sabes qué pasó después? Llovió a mares y se batieron récords de precipitación; matorrales, herbáceas y pastos se desarrollaron de forma exuberante; y entonces llegó el calor extremo y toda esa biomasa se convirtió en la mecha perfecta. Es como si hubiéramos preparado, sin querer, la yesca ideal para el verano.
¿Tenemos más bosques o menos?
Aquí viene un dato que puede confundirte: la superficie forestal en España no deja de crecer. Según el Inventario Español del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, los ecosistemas forestales superan ya los 28 millones de hectáreas, más del 55 % del territorio nacional. Esto sitúa a España como el segundo país de la UE-27 con más superficie forestal, solo por detrás de Suecia. La superficie arbolada (lo que internacionalmente se considera «bosque») ronda los 18 millones de hectáreas, en claro aumento desde hace décadas.
Suena bien, ¿verdad? Pero aquí está el problema: tener más bosque no significa tener mejores bosques. Es como tener un jardín más grande sin cuidar las plantas. Necesitamos bosques sanos, gestionados y resilientes, no solo extensos. De hecho, cerca del 80 % del monte español carece de instrumentos formales de gestión forestal.
Los bosques que plantaron nuestros abuelos
Para entender la situación actual, conviene saber que España repobló muchísimo desde 1940. En total, alrededor de 3 millones de hectáreas repobladas en distintas etapas: tras la Guerra Civil, para dar trabajo a la población rural y proteger suelos; entre 1960 y 1982, con plantaciones masivas orientadas a la industria de la madera y el papel; y desde 1983, con un enfoque más ambiental y criterios de biodiversidad.
El problema es que muchas de aquellas plantaciones eran monocultivos densos, normalmente de pino. Imagínate un bosque donde solo hay pinos, todos iguales, muy juntos y sin sotobosque diverso. Si se quema uno… arden todos.
El mito de que «la naturaleza siempre se recupera»
Seguro que has oído eso de que «después de un incendio, el bosque vuelve por sí solo». Tengo que darte una mala noticia: ya no siempre es cierto. Especialmente tras estos megaincendios modernos en zonas con suelos degradados, ciclos de fuego cada vez más cortos y un clima que está cambiando.
Reflexión recurrente en los foros de gestión forestal sobre incendios
La realidad es dura: tras grandes incendios recurrentes, muchas zonas pierden la capacidad de regenerarse de forma natural a su estado anterior. Y mientras seguimos esperando milagros, el problema crece.
¿Plantar lo de siempre o adaptar al futuro?
Esta es la pregunta clave: ¿intentamos recrear el bosque que había antes o plantamos especies que puedan aguantar el clima que viene? Como explican muchos expertos en gestión forestal, hay especies que ya no están adaptadas a las nuevas condiciones climáticas. Si el clima cambió, las especies que no se adapten difícilmente resistirán.
Y te voy a contar algo que puede sorprenderte: plantar árboles a lo loco después de un incendio puede ser contraproducente. Sí, aunque suene raro. Los expertos recomiendan no correr (las prisas suelen hacer más daño que bien), proteger el suelo primero para evitar la erosión post-incendio mediante técnicas como el mulching, las fajinas o la hidrosiembra, dejar actuar a la naturaleza si la zona conserva semilleros y rebrotes, y esperar al menos un año antes de plantar nada.
¿Qué está haciendo el gobierno?
El Consejo de Ministros aprobó el 20 de diciembre de 2022 el Plan Forestal Español 2022-2032, que desarrolla la Estrategia Forestal Española Horizonte 2050. La idea es conseguir montes bien gestionados, resilientes al cambio climático y protegidos frente a sus principales amenazas: abandono, incendios, plagas y enfermedades. El Plan propone 289 medidas, de las cuales 86 se consideran prioritarias, articuladas en cinco ejes de intervención.
Hay también una norma importante que conviene conocer: el artículo 50 de la Ley 43/2003, de Montes prohíbe el cambio de uso forestal de un terreno incendiado durante al menos 30 años. Esto significa que, si arde un bosque, no se puede recalificar como suelo urbano, agrícola o minero de forma automática. Existen excepciones muy tasadas (razones imperiosas de interés público de primer orden, planeamiento aprobado antes del incendio…), pero requieren una ley específica con medidas compensatorias. De hecho, el 26 de agosto de 2025 el Gobierno declaró 121 áreas como zonas afectadas gravemente por una emergencia de protección civil.
¿Qué necesitamos hacer para el futuro?
Los métodos del siglo XX ya no sirven. Hay que ser muy cuidadoso eligiendo dónde, qué y cómo plantar. Es como pasar de la jardinería de andar por casa a la ingeniería de precisión.
Claves para una reforestación con futuro
- Diversidad: usar especies y procedencias adaptadas al clima futuro, no al pasado.
- Flexibilidad: planes que se puedan adaptar sobre la marcha según los resultados.
- Paisajes en mosaico: alternar masas forestales, cultivos y pastos para frenar el avance del fuego.
- Participación local: implicar a la población rural en el cuidado de sus montes.
- Prevención antes que extinción: desbroces, quemas prescritas, pastoreo extensivo y cortafuegos verdes.
También ayudan las nuevas tecnologías: bolas de semillas (mezclas de arcilla, semillas y nutrientes) que pueden lanzarse desde drones o helicópteros en zonas inaccesibles, teledetección por satélite, sensores de humedad, modelos de propagación del fuego y software de planificación forestal cada vez más sofisticado.
El factor humano
Aquí viene un dato que duele: la inmensa mayoría de los incendios tiene origen humano. Según los informes oficiales, en España más del 90 % de los incendios de causa conocida son provocados por personas. Eso sí, conviene matizar: la mayor parte no son intencionados.
Los datos de la Fiscalía General del Estado para el periodo 2019-2023 indican que en torno a un 24 % son intencionados (quemas agrícolas no autorizadas, regeneración de pastos…), mientras que cerca del 68 % se deben a negligencias y accidentes: colillas, barbacoas, maquinaria, líneas eléctricas mal mantenidas… Por eso, educar y concienciar a la población es fundamental. No tiene sentido plantar árboles si luego los quemamos por descuido.
¿Qué podemos hacer tú y yo?
Después de todo esto, puede que te sientas un poco abrumado. Es normal. Pero el verano de 2025 nos ha enseñado que ya no podemos seguir como antes. No se trata solo de plantar más árboles. Se trata de repensar cómo nos relacionamos con nuestros bosques. Queremos paisajes que no solo sobrevivan a los incendios del futuro, sino que prosperen a pesar de ellos.
Y sí, cada uno de nosotros puede hacer algo: desde ser más cuidadosos con el fuego en el campo hasta apoyar políticas forestales con criterio. Porque al final, son nuestros bosques y nuestro futuro. Los bosques españoles están en un momento crucial: lo que hagamos ahora determinará si las próximas generaciones podrán disfrutarlos o solo verán fotos de lo que un día fueron.