15 hectáreas y casi 15.000 árboles: así ha renacido el bosque quemado de Pego

El proyecto «Marina Alta Ecorestauración» cierra su fase de plantación en Pego con 14.671 árboles autóctonos sobre 15 hectáreas quemadas en los incendios de 2015 y 2022. Pego Viu y Desert Leaves diseñan un bosque en mosaico pensado para resistir al fuego.

Ladera reforestada en Pego con árboles autóctonos jóvenes y protectores individuales tras los incendios

Diez años después del incendio que prendió la chispa de un movimiento vecinal, las montañas del suroeste de Pego vuelven a tener raíces. El proyecto «Marina Alta Ecorestauración» ha cerrado su fase de plantación con 14.671 árboles autóctonos sobre suelo público calcinado. Pero quienes lo han impulsado lo tienen claro: plantar era solo el principio.

La cifra es redonda y, a la vez, modesta: 14.671 árboles de especies autóctonas repartidos por 15,35 hectáreas de monte público en Pego (Marina Alta, Alicante). El proyecto ha rozado su meta inicial de 15.000 ejemplares tras dos campañas de plantación, en 2024 y 2025, sobre ocho parcelas que arrastraban las cicatrices de dos grandes incendios: el de 2015 y el de 2022.

Detrás de la actuación están la asociación local Pego Viu y la Fundación Desert Leaves, que han coordinado los trabajos con la colaboración del Ayuntamiento de Pego y la financiación de varias empresas que buscaban compensar su huella de carbono. El triple objetivo: neutralizar emisiones, frenar la erosión del suelo y devolver la biodiversidad a una zona donde la regeneración natural no estaba avanzando lo suficiente como para asegurar la cubierta vegetal.

Una herida de más de 14.000 hectáreas

Para entender la dimensión del proyecto hay que mirar atrás. El fuego de 2015 arrasó cerca de 1.900 hectáreas entre Pego, la Vall d’Ebo y l’Atzúbia, y de aquellas cenizas nació precisamente el colectivo Pego Viu como respuesta social a la catástrofe. Siete años después, el verano de 2022 trajo un incendio aún más devastador: más de 12.000 hectáreas calcinadas y quince municipios de la comarca afectados.

El proyecto empezó a gestarse en diciembre de 2022, apenas cuatro meses después de aquel segundo golpe, y se concentró en la zona suroeste del término municipal. La actuación arrancó sobre el terreno a finales de 2024 con dos jornadas de voluntariado popular.

2.000 t
de CO₂ es el potencial estimado que este nuevo bosque podría llegar a secuestrar. Pero necesitará entre 30 y 40 años de crecimiento para alcanzar ese objetivo y proteger los acuíferos del subsuelo.

No es plantar muchos árboles, es diseñar un mosaico

Lejos del monocultivo a marco regular que durante décadas se asoció a la reforestación, aquí el diseño ha seguido criterios científicos recogidos en una memoria técnica aprobada por la Conselleria de Medio Ambiente. El resultado es un paisaje en mosaico de plantaciones mixtas que ha aprovechado antiguos bancales de cultivo abandonados, con suelos más profundos y mejor capacidad de retener agua.

La intervención también ha tenido un impacto social directo: ha dado trabajo a un equipo de seis personas del territorio para las tareas de gestión forestal. Y la financiación ha llegado por la vía de la compensación de emisiones. La fundación Visit Benidorm aportó 1.868 árboles para neutralizar la huella de su promoción turística internacional, mientras que trabajadores de la cadena RH Hoteles, llegados de Alicante, Valencia y Castellón, se sumaron a una de las jornadas de plantación.

Plantar de inmediato no siempre funciona; aquí se esperó, se estudió el terreno y solo entonces se diseñó un bosque pensado para sobrevivir al próximo incendio.
Criterios de gestión recogidos en la memoria técnica del proyecto «Marina Alta Ecorestauración»

Siete especies elegidas con criterio (y dos grandes ausencias)

El catálogo combina siete especies autóctonas de árboles y arbustos adaptadas a las montañas de Pego. El lentisco es la más utilizada, con 3.089 ejemplares, seguido del pino carrasco (2.837) y el enebro o cádec (2.719). También se ha repoblado con árboles de aprovechamiento tradicional y de sombra como el algarrobo (2.611) y el olivo (2.610). El listado se completa con especies de barranco y zonas húmedas: 483 almeces (lledoners) y 322 espinos blancos.

Las especies plantadas, en cifras

  • Lentisco: 3.089 ejemplares, la especie más abundante del proyecto.
  • Pino carrasco: 2.837 ejemplares.
  • Enebro o cádec: 2.719 ejemplares.
  • Algarrobo: 2.611 ejemplares de aprovechamiento tradicional.
  • Olivo: 2.610 ejemplares.
  • Almez (lledoner): 483 ejemplares, ligados a barrancos.
  • Espino blanco (espinalb): 322 ejemplares.

El diseño ha priorizado la seguridad frente al fuego: las especies menos inflamables y más resistentes se han colocado en las áreas perimetrales, creando franjas de prevención. Cada brote joven lleva además un protector individual frente a jabalíes, conejos y el pastoreo de cabras.

Y hay dos ausencias muy meditadas. La memoria técnica descartó por completo plantar encinas y robles, porque Pego se encuentra en una zona de actuación restringida por la plaga de cuarentena de la Xylella fastidiosa. La diversidad de estratos, además, ayudará a contener la fuerte presencia local del perforador de la madera del pino (Tomicus destruens).

El verdadero proyecto empieza ahora

Desde Pego Viu insisten en que cerrar la plantación es solo el primer paso. El bosque necesitará entre 30 y 40 años para madurar, secuestrar las 2.000 toneladas de CO₂ previstas y proteger adecuadamente los acuíferos del subsuelo frente a las escorrentías de las lluvias torrenciales. Por eso se ha activado un plan de mantenimiento a largo plazo que durará años.

Entre las acciones prioritarias figuran un programa de riego de apoyo durante los dos primeros veranos, la reposición de los ejemplares que no sobrevivan, podas de formación, el control permanente de la vegetación espontánea como medida preventiva contra incendios y la instalación de carteles informativos. La lección de fondo es la misma que repite la ciencia forestal mediterránea: el éxito de una reforestación no se mide por cuántos árboles se plantan, sino por cuántos siguen vivos y capturando carbono décadas después.

Un bosque es sombra. Es vida. Es refugio.
Un bosque empieza con un árbol.
Un bosque también necesita vecinos.
Un bosque no se hereda, se cuida.
Un bosque vale más vivo.
Un bosque no pide ayuda. La necesita.
Un bosque somos todos.
Un bosque es futuro.

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