Un estudio publicado en Landscape Ecology por investigadores de Finlandia, Suiza y Suecia demuestra que las plantaciones de álamo, situadas en los lugares adecuados, pueden incrementar hasta un 21,6 % el hábitat funcionalmente conectado para aves forestales en paisajes agrícolas europeos.
En el mosaico agrícola europeo, los bosques han quedado convertidos en islas separadas por kilómetros de cultivos. Una investigación liderada desde la Universidad del Este de Finlandia plantea una idea contraintuitiva: las plantaciones de chopo, hasta ahora valoradas casi solo como cultivo maderero, pueden funcionar como pasarelas vivas que reconectan esas islas verdes para las aves forestales.
El trabajo, publicado en febrero de 2026 en la revista Landscape Ecology, está firmado por la investigadora doctoral Sara Pineda-Zapata junto al profesor Blas Mola (Universidad del Este de Finlandia), Alejandra Morán (Universidad de Basilea) y Rémi Duflot (Universidad de Jyväskylä). La pregunta de partida era sencilla: en una matriz agrícola dominada por monocultivos, ¿pueden las plantaciones de árboles de crecimiento rápido aportar algo más que biomasa?
Dos cuencas, tres aves, un mismo dilema
Los autores aplicaron modelos espaciales de conectividad a dos subcuencas fluviales: una en España y otra en Francia. En cada una analizaron cómo se relacionan los fragmentos de bosque existentes —dentro y fuera de la Red Natura 2000— con las plantaciones de chopo, y simularon el desplazamiento de tres aves forestales con capacidades de movimiento muy distintas: el pico picapinos (Dendrocopos major), la curruca capirotada (Sylvia atricapilla) y el pinzón vulgar (Fringilla coelebs).
La elección no es casual. Las aves responden con rapidez a la fragmentación del paisaje y, al cubrir distancias muy diferentes, ofrecen un termómetro fino de hasta dónde llega —y dónde se rompe— la conectividad ecológica.
Las plantaciones pueden actuar como peldaños entre fragmentos de bosque, pero su eficacia depende fuertemente de dónde se ubiquen en el paisaje.
Sara Pineda-Zapata, Universidad del Este de Finlandia
El factor 21,6 %: cuando la ubicación lo cambia todo
Los resultados de las dos cuencas no fueron equivalentes, y ahí reside lo interesante. En España, las plantaciones aportaron mucho más de lo que su superficie permitía suponer: algunos parches resultaron clave para sostener la conectividad del conjunto del paisaje, incluyendo la de espacios protegidos por la Red Natura 2000. En Francia, en cambio, las plantaciones estaban más aisladas dentro de la matriz agrícola, así que su contribución fue mucho más limitada.
La cifra más llamativa apareció en el caso del pico picapinos en territorio español, una especie con capacidad de dispersión media-alta capaz de aprovechar los peldaños arbolados.
de aumento del hábitat funcionalmente conectado para el pico picapinos en España al integrar las plantaciones de chopo en la red forestal del paisaje.
Para la curruca capirotada, capaz de cubrir distancias considerablemente mayores, las plantaciones próximas a bosques protegidos llegaron a aportar en torno al 14 % del valor total de conexión. Para el pinzón vulgar, en cambio, el efecto fue mucho menor: cuando un ave no recorre grandes distancias, incluso un hueco modesto en la matriz arbolada puede convertirse en una barrera difícil de cruzar. Las plantaciones solo ayudaban si quedaban casi pegadas a un fragmento de bosque preexistente.
Producir madera y biodiversidad a la vez
La investigación rompe una dicotomía cómoda pero falsa: la que separa los bosques “productivos” de los bosques “para conservar”. Bien planificada, una plantación puede cumplir las dos funciones a la vez, siempre que se piense desde una escala de paisaje y no parcela a parcela.
Las plantaciones suelen evaluarse solo por lo que producen, pero bien ubicadas pueden hacer mucho más que dar madera: estructurar el paisaje y sostener flujos ecológicos.
Blas Mola, Universidad del Este de Finlandia
La advertencia de los propios autores, sin embargo, es importante: las plantaciones no sustituyen a los bosques naturales. Carecen de la complejidad estructural que muchas especies forestales especialistas necesitan, y un aumento generalizado de la cubierta arbórea podría incluso restar hábitat a especies de espacios abiertos. La cuestión, por tanto, no es plantar más, sino plantar mejor.
El planteamiento es relevante porque las plantaciones de crecimiento rápido tienden a expandirse en Europa, impulsadas por los objetivos comunitarios de mitigación climática y seguridad energética. Si esa expansión se produce sin atender a la lógica del paisaje, perderá una de sus oportunidades más interesantes: contribuir, casi como efecto colateral, a la conservación de la biodiversidad.
Claves del estudio
- El estudio se realizó en dos subcuencas agrícolas, una en España y otra en Francia, mediante modelos espaciales de conectividad.
- Se analizaron tres aves forestales: pico picapinos, curruca capirotada y pinzón vulgar, con capacidades de dispersión muy distintas.
- Las plantaciones bien situadas pueden actuar como peldaños (stepping stones) entre fragmentos de bosque, también dentro de la Red Natura 2000.
- El beneficio crece con la capacidad de movimiento de la especie: las aves de mayor dispersión aprovechan mejor los peldaños arbolados.
- Las plantaciones no replican la complejidad de los bosques naturales y un aumento general de la cubierta arbórea puede afectar a especies de espacios abiertos.
Lo que esto significa para el bosque que viene
Que un parche de chopos plantado para producir biomasa pueda, al mismo tiempo, decidir si una población de pájaros sobrevive o se extingue localmente, obliga a replantear cómo se diseña el territorio. Para los autores, la consecuencia práctica es clara: cualquier nueva plantación debería planificarse con la mirada puesta en el paisaje en su conjunto, no solo en el rendimiento por hectárea.
Plantar árboles, en definitiva, no es lo mismo que recuperar un bosque. Pero si esos árboles se colocan en el lugar adecuado, pueden ayudar a que el bosque vuelva a comportarse como tal. El reto, ahora, es que esa lógica llegue a los planes forestales, agrícolas y de restauración antes de que el siguiente álamo entre en la tierra.